Durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, y sobre todo ya para el final de la contienda, los lideres de Estados Unidos y Gran Bretaña fueron viendo como el “socio” comunista en su lucha contra los países del Eje, pasaba de ser un aliado a convertirse en un gran problema, de hecho sería la fuente de todos los problemas desde la conclusión de la guerra hasta finales de la década de los ochenta. Churchill y Roosevelt (posteriormente Truman) se centraron en derrotar a Alemania y Japón, no dándose cuenta del peligro que iba a significar para Occidente una Unión Soviética fuerte y totalitaria que a partir de ese momento iba a intentar aprovechar a su favor, con el objetivo de ganar influencia y expandir el comunismo, la anarquía imperante en el mundo, los incipientes procesos de descolonización y un gran descontento y desconfianza hacia el sistema capitalista en muchos de los países afectados por la guerra. Los intentos entre los líderes de ambos países (EE.UU y la Unión Soviética) por cooperar e intentar llegar a acuerdos que fueran satisfactorios para ambas partes, así como las políticas de apaciguamiento llevadas a cabo también por las dos potencias no fueron fructíferas, iniciándose de esta manera, una guerra fría que duraría cuatro décadas. Como Melvyn P. Leffler expone en su obra, La guerra después de la guerra, no existía otra alternativa en un concierto internacional que generaba tanto miedo y a la vez tantas oportunidades.
Estados Unidos y la Unión Soviética, una vez finalizada la contienda, se convirtieron en las dos grandes potencias que se disputarían la supremacía mundial durante cuatro décadas. Esto fue así, básicamente, porque ambos estados supieron combinar todos los recursos que tenían a su alcance (económicos, militares, demográficos, políticos, etc.) de una manera mucho más eficaz que el resto de estados, y de este modo lograron ocupar una posición predominante dentro del sistema internacional.
Los elementos que definieron la Guerra Fría fueron el peligro y la oportunidad. Miedo contra esperanza. El peligro y el miedo de que una ideología totalmente opuesta pudiera implantarse en medio mundo y pusiera en riesgo, bien el estilo de vida americano (capitalismo democrático) bien el régimen comunista imperante en la Unión Soviética. Y esperanza. La esperanza ante las oportunidades que un sistema internacional anárquico y convulso proporcionaba a los líderes de las dos potencias (Truman y Stalin) para que sus países pudieran expandirse y ganaran influencia y poder en el mundo.
La Segunda Guerra Mundial y los años posteriores a esta dieron importantes líderes y estadistas: Stalin, Churchill, Roosevelt, etc. Lideres que tuvieron que tomar decisiones importantes en momentos de extrema dificultad. Es por ello que el Realismo Clásico, donde el individuo, según Morgenthau, es más importante que el estado y la anarquía internacional, podría servir para explicar, en gran parte, la conducta de las dos grandes potencias en ese espacio temporal que dio lugar al inicio de la Guerra Fría. La dictadura en la que convirtió Stalin a su país y el férreo control al que sometió a todos los estados que estaban dentro de su esfera de influencia, el culto a su persona, su ambición y una personalidad totalitaria y desconfiada, son características que sirven de claro ejemplo para explicar lo que es el Realismo Clásico según su máximo exponente: Hans Morgenthau.
Los enfoques teóricos de Morgenthau y Kenneth N. Waltz sirven para explicar en parte el comportamiento de las dos potencias, pero son a todas luces insuficientes por ser modelos excesivamente simplificados para comprender en su totalidad la conducta de ambas naciones. En cambio, el Realismo Ofensivo, que junto con el Defensivo enriquece y forma parte del Neorrealismo, es el enfoque que mejor puede explicar las cuatro décadas de Guerra Fría.
La búsqueda continua del poder caracterizó a las dos grandes potencias, no se conformaban con una cuota limitada de este, ambas naciones querían dominar el mundo e implantar sus sistemas políticos. En un Sistema Internacional claramente bipolar, los Estados Unidos y la Unión Soviética iniciaron una competición (permanente) a todos los niveles por dominar el mundo e intentar aumentar su poder relativo respecto a su gran adversario. Dicha competición sólo finalizó con la caída del bloque comunista a finales de la década de los ochenta. Durante estas cuatro décadas, ambos países utilizaron estrategias ofensivas con el objetivo de maximizar su poder: forzaron cambios de régimen (roll back) por varias zonas del globo con el objetivo de favorecer sus intereses, utilizando para ello medios soft y hard. No dudaron en utilizar la disuasión, servirse de la diplomacia coercitiva, contrapesar o hacer uso de la fuerza directamente con el objeto de mantener el statu quo imperante o de ganar cuota de poder frente a su gran adversario.
Siendo las dos naciones realistas ofensivas no podía existir un dilema de seguridad, este era irresoluble, ya que las intenciones estaban claras, quizás la causa por la que no se entró en ninguna espiral violenta por parte de las dos potencias durante el tiempo que duró la guerra fría, habría que buscarla en el respeto mutuo que ambas se profesaban debido al potencial nuclear que poseían con capacidad para un segundo ataque, otra posible explicación, según Mearsheimer, sería que la guerra es más probable en la multipolaridad que en la bipolaridad debido a que, en la primera, el sistema internacional es mas inestable y anárquico.
Truman llegó a describir muy bien el escenario. Dijo textualmente en una conferencia en la universidad de Baylor, que estaban inmersos en una lucha de estilos de vida contrapuestos. Dijo, de igual manera, que no era una pugna militar, sino política; una lucha ideológica, una lucha espiritual. Los EE.UU. eran los representantes del capitalismo democrático, mientras que la Unión Soviética era el enemigo totalitario que simbolizaba todo lo contrario, el comunismo. El comunismo era para los americanos un estilo de vida diabólico y maligno, por lo tanto, si no se actuaba contra él, el “American
Way of Life” corría peligro, no sólo en su propio país, sino también en el extranjero.
Los efectos del estallido de la Guerra Fría y de estas políticas realistas ofensivas produjeron varios efectos en el Sistema Internacional. Efectos como la acumulación de arsenales de armas atómicas y misiles balísticos por parte de ambos países (que nunca fueron utilizados), creándose de este modo, una sensación de crisis permanente. De igual manera, al establecimiento de la OTAN por parte de Occidente, la Unión Soviética reaccionó fundando otra organización internacional de carácter militar; El Pacto de Varsovia, con el objetivo de contrapesar la amenaza de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y mantener el statu quo. Asimismo se produjeron muchos conflictos indirectos, donde las dos potencias no llegaron a enfrentarse directamente pero utilizaron diversas estrategias para debilitarse mutuamente. En casos como la crisis de los misiles de Cuba en 1962, las Guerras de Corea y Vietnam o la más reciente de Afganistán, en lo años ochenta, las dos potencias utilizaron un amplio abanico de estrategias provenientes del Realismo Ofensivo: contención activa (Roll Back y provocación), uso de la diplomacia coercitiva, utilización de la fuerza, sangrar (bloodletting), contrapesar (balancing), etc.
Finalmente comentar que el enfoque liberal, concretamente el del Liberalismo Comercial y la Interdependencia Compleja, juega un papel fundamental en el desarrollo y desenlace final de la Guerra Fría. En las décadas posteriores al final de Segunda Guerra Mundial las naciones occidentales experimentaron un notable aumento de su riqueza y nivel de vida, esto fue en gran parte debido a la libertad de comercio y a la existencia de conductas pacíficas entre estos estados. Gracias a estas condiciones, se creo una densa red de intereses económicos compartidos que trajo el consiguiente crecimiento a todos los niveles de estos países. Por el contrario, en los países comunistas, la economía estaba planificada y la producción y distribución de bienes fueron centralizadas y dirigidas por los Gobiernos. El experimento marxista finalmente se vino abajo a finales de la década de los años ochenta. Las debilidades económicas causadas por el comunismo fueron las que propiciaron la caída de la Unión Soviética al no poder soportar ésta la constante competición contra los Estados Unidos a todos los niveles en el Sistema Internacional.


